miércoles, 14 de diciembre de 2011

LLAMADA A LAS ARMAS

Leopold miró a su alredor. El campamento se extendía a los pies de la colina. Desde la cima vio a sus hermanos errantes instruyendo a los nuevos reclutas. Aunque la mayoría de ellos eran campesinos y peregrinos, la instrucción comenzaba a dar resultados.

Las órdenes de Lord Velion habían sido providenciales. No era de extrañar que la mayoría de los jainitas pensaran que Lord Velion se comunicaba directamente con Jainus. Incluso entre algunos de ellos comenzaba a circular el rumor de que era el propio Jainus encarnado.

Los informes llegados desde Yagatay fueron recogidos con escepticismo o indiferencia por algunos de los príncipes de Evaldaric. Sin embargo, Jainus advirtió a Lord Velion de que esa situación de caos era el comienzo de un peligro mayor. Las órdenes fueron dadas de forma que, cuando las órdenes del rey llegaron a la Teocracia, las tropas estaban entrenadas y listas para partir.

Leopold deseó poder acompañar a aquellos hombres a la batalla, pero sabía bien que eso no ocurriría. Desde su origen, la Orden de los Errantes tuvo asignada la defensa de los lugares santos y sólo en casos excepcionales habían abandonado el Páramo. A pesar de ello, no pudo evitar sonreir. Por Jainus que aquellos hombres habían recibido un buen entrenamiento y los salvajes del norte no tardarían en darse cuenta de ello.

El entrenamiento de las tropas

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